Domingo, Abril 21, 2019
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Cheney: Un oscuro político que tuvo en sus manos la vida y la muerte

La película “El vicepresidente: Más allá del poder” presentada en las salas cinematográficas del mundo a quien quisiera verla, da la posibilidad de examinar la vida de Dick Cheney, un silencioso y reservado político. Esas cualidades  le permitieron a Cheney escalar posiciones políticas en la Cámara de Representantes estadounidense por Wyoming, (3/1/79 al 20/3/1989)

Luego, como Secretario de Defensa transitó sus pasillos desde 21/3/89 al 20/1/93 y tras un interregno en la actividad privada, se  convirtió en el 46º vicepresidente de Estados Unidos, durante el mandato de George Bush en el 2000, asumiendo el 20/1/2001 hasta el 20/1/2009.

No es la intención de esta columna analizar el filme desde lo artístico, ni profundizar la biografía del oscuro funcionario que nos ocupa;  el objetivo no es otro que exponer aspectos  poco conocidos de Cheney, nacido en Lincoln, Nebraska y asistente a las universidades de Yale –de donde fue echado, debiendo regresar a su pueblo-, y  Wyoming, en la que obtuvo al concluir sus estudios el título de bachiller y una maestría en Ciencias Políticas.

Contabilizar su accionar político en distintos cargos ocuparía la presente columna en su totalidad, por lo que sólo nos remitiremos a explicitar, con el mayor rigor aspectos poco conocidos de su gestión en su tránsito por  los cargos de Secretario de Defensa, bajo la presidencia de George H.W. Bush (1989-1993), oportunidad en la que controló la Operación Tormenta del Desierto (Desert Storm), en 1991.

Cheney, luego como vicepresidente, en las sombras,  ocupó un influyente papel detrás de  diversas escenas al momento de dar respuesta desde la administración norteamericana, luego del ataque del 11-S y en el posterior enfrentamiento al terrorismo, peleándose ideológicamente con el presidente, en la discusión del matrimonio igualitario, en 2004, política que Bush no apoyaba.

El ex vicepresidente fue duramente criticado respecto a la campaña antiterrorista, el espionaje llevado adelante por la NSA y las denominadas técnicas de interrogatorio mejoradas. 

Es necesario apuntar que Cheney respaldó su propuesta para el cargo como Secretario de Defensa, argumentando que había asistido a todas las juntas del Consejo de Seguridad Nacional y, como republicano, remarcando que  era “el más antiguo en el Comité de Inteligencia de la cámara de Representantes”.

Ahora sí, a los hechos

En el otoño del 2001, semanas después de que el presidente George W. Bush firmara la orden secreta que daba a la CIA la potestad, -en la Sala de Situaciones de la Casa Blanca-, para matar utilizando un nuevo programa “altamente clasificado”, Cheney comunicó que se trataba de un proyecto para infiltrar pequeños equipos de asesinos en otros países con la finalidad de perseguir y matar  a las personas  que la administración Bush había señalado, entre los que se encontraba un sirio –Mamoun Darkazanli- que  la CIA creía, había ayudado a organizar  los ataques del 11-S.

 La reunión – en la que Cheney dio la orden de ponerse a trabajar de inmediato-,  no forma parte del filme y quien recibió el mandato directo para cumplir la tarea fue J. Cofer Black, un funcionario obsesionado en capturar a Osama Bin Laden, desde que dirigía la central de la CIA en Jartum, la capital de Sudan.

Escuadrones paramilitares

Fue Cheney, en 2004, quien autorizó la conformación de escuadrones  paramilitares de sicarios que eliminarían sospechosos de terrorismo desde Europa hasta Oriente Medio, pasando por el sureste asiático. El plan había sido armado en la Comisión de Inteligencia Conjunta, conocida como CTC. 

El alto funcionario de la Casa Blanca, luego de 11-S dispuso el reclutamiento de agentes de la CIA para ser entrenados en misiones de asesinato. Obviamente la película no menciona que la CIA no pudo encontrar personal para cumplir la misión autorizada, tanto en Kabul –Afganistán como en Bagdad - Irak.

Incluso, una empresa de seguridad privada habría realizado algunos trabajos requeridos a la central de inteligencia yanqui para que “colaborara” en las operaciones secretas.  

Los dos ejemplos expuestos son sólo una mínima punta de iceberg de un entramado mortal en el que tuvo intervención Cheney, un individuo que abandonó a tiempo el alcohol y  que no dejó pasar oportunidades ni mentiras al pueblo norteamericano para llegar a tener en sus manos la vida o la muerte de numerosos militares y civiles. (Jackemate.com)

 

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