Por Carlos Del Frade (*)

Le llamaban la Chicago Argentina. Pero el apodo venía por la fenomenal movilización de obreras y obreros anarquistas el primero de mayo de 1890, cuando Rosario fue una de las primeras y únicas ocho ciudades del mundo que conmemoraron el Día Internacional de los Trabajadores.

La falsificación histórica hizo que el mote fuera sinónimo de geografía mafiosa, especialmente por los sucesos de las décadas del veinte y el treinta, cuando Raquel Liberman denunció la trata de personas de Zwi Migdal y las bandas de tira tiros repercutieron en los diarios de Capital Federal.

Siempre es mejor para el sistema que la memoria recuerde asesinatos y no la dignidad de las luchas obreras.

Agarrá al del Corsa que siempre me compra y recagalo a tiros porque no me paga. Andá, aplicale mafia y decile que me pague – ordenó Lucía Uberti, una piba de veintiséis años, presa por ordenar disparar contra objetivos judiciales en los últimos tiempos de bandas narcopoliciales.

El chico que recibió la orden es un pibe menor de dieciocho años. Ese chico será el encargado, entonces, de aplicar la mafia que le ordena Lucía. La frase tiene connotaciones históricas y con varias dimensiones.

Los que deben aplicar mafia son, generalmente, chicas y chicos menores de treinta años, los que pueblan las cárceles de todas las provincias argentinas, hijas e hijos de la ferocidad social, consecuencia de la desigualdad sabiamente planificada y mantenida.

“Aplicale mafia”, dice la piba detenida y la realidad del Gran Rosario, la provincia de Santa Fe y la Argentina, en general, muestra señales de acatar la orden.

“Aplicale mafia” puede ser usado en distintos ámbitos. En los territorios desangelados de los barrios que alguna vez fueron obreros y que ahora son invadidos por los negocios ilegales del sistema como el contrabando de armas y el narcotráfico.

Pero también en las alfombras de los edificios inteligentes donde residen y operan los representantes de compañías nacionales e internacionales dedicados a la exportación de cereales y derivados.

“Aplicale mafia” es también la orden que debe surgir de esos sitios perfumados por donde son pensados los paraísos fiscales, las empresas off shore, la fuga de capitales y el lavado de dinero.

Las presiones que hacen posible que se gambetee el ámbito del congreso nacional para que vuelvan a imponerse condiciones desde las mesas chicas donde las grandes mayorías apenas son pensadas como telón de fondo en la obra de siempre donde ganan siempre los mismos.

“Aplicale mafia” pude ser, tranquilamente, la orden emanada por los directivos inescrupulosos de Vicentín para con dirigentes políticos, sociales y hasta con los siempre obedientes policías y fiscales que cumplen sus mandatos aún antes de ser pronunciados como sucede hoy con los hostigamientos que sufren las mujeres y los hombres de la empresa “Algodonera Avellaneda”, en el norte profundo de Santa Fe, que ganan cien pesos por hora, mientras la cerealera factura más de 220 mil pesos por minuto.

“Aplicale mafia” es, al mismo tiempo, el sistema de operaciones de prensa destinada a presionar a un juez joven para que orden que los directivos de Vicentín vuelva a la conducción de la empresa por más que estén denunciados por lavado y fuga de capitales por más de doscientos millones de dólares y haber estafado a miles de productores pequeños por otros tantos millones de dólares.

“Aplicale mafia”, entonces, es la síntesis de una manera de presionar, ilegalmente, sobre el conjunto de la sociedad para que los réditos sigan en pocas manos.

La diferencia entre Lucía Uberti y los dueños de casi todo es que sus dichos se conocen, los de ellos, no. La diferencia entre Lucía Uberti y los dueños de casi todo es que la mujer está presa y ellos, no.

Y que la aplicación de la mafia, por lo tanto, es permanente en el exclusivo dominio de los delincuentes de guante blanco. (Jackemate.com)

 

(*) Diputado Provincial FSP – Periodista – delfradec@diputadossantafe.gov.ar 

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